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Realidad y retos de la profesión de ingeniero

26 de junio de 2017

Realidad y retos de la profesión de ingeniero

El pasado jueves 15 de junio tuve la oportunidad de reflexionar sobre la realidad y los retos de la profesión de ingeniero tras recibir la Medalla de Honor del Colegio de Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos junto a otros profesionales. A continuación reproduzco las palabras que allí pronuncié:

He pensado mientras preparaba el discurso cuál debía ser el propósito de esta intervención. Y creo que si algún sentido pudiera tener este tiempo que se me ofrece, es el de reflexionar sobre la realidad y los retos de nuestra profesión.

Permitidme recalar un momento en algo esencial y recurrir al diccionario. ¿Qué entendemos por profesión?

Profesión, según el Diccionario de la RAE es:

Acción y efecto de profesar;

Empleo, facultad u oficio que alguien ejerce y por el que percibe una retribución;

Conjunto de personas que ejercen una misma profesión;

Ceremonia eclesiástica en que alguien profesa en una orden religiosa.

Cualquiera de las cuatro definiciones es aplicable a la profesión de Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos. Sí, también la cuarta.

La mayor parte de los aquí presentes tenemos la suerte de vivir del ejercicio de la profesión.  Profesamos vivamente nuestro oficio. Colectivamente nos definimos como la profesión y hoy celebramos una especie de ceremonia eclesiástica. 

Nosotros (la profesión) nos vemos de una determinada manera y seguro que nos ponemos rápidamente de acuerdo en los principales atributos que nos definen y que nos unen. 

Juan Benet, sin ir más lejos, nos definió como "una profesión noble, no como otras". Otra mirada singular sobre nuestra profesión es la que nos regaló Gabino Alejandro Carriedo en su poesía "Cálculo decreciente para Eduardo Torroja", en la que utiliza una sabia combinación de imágenes y términos técnicos constructivos. 

1. Entre el puente de hormigón

pretensado

(construido aguas arriba

de su corazón valiente)

y la cubierta circular,

expiró el ingeniero.

2. Ni la luz de aquel vano

alzado en vigas longitudinales

prefabricado por dovelas

salvarlo pudo

de las sombras.

3. Ni los cordones de los cables

de redondo

calculados para tan fiel tensión

evitaron su rotura.

4. Su vida matemática

concluyó

exactamente.

5. Cosido transversal,

definitivo anclaje.

6. In situ.

Hay muchas otras ilustres miradas sobre nuestra profesión, también de grandes embajadores de la misma, como la del fundador de nuestra Escuela, Agustín de Betancourt, que se basó en los principios de razón y ciencia, el culto a la naturaleza y sus leyes, y la preocupación social. Y aprovechando que rememoro la figura de Betancourt, quiero invitar a hacer nuestra esa mirada curiosa que tienen a bien aplicar los canarios cuando se enfrentan por primera vez a aquello que va más allá del territorio en forma de isla que los vio nacer. Conozco bien esa sensibilidad de la mano de mi mujer, y estoy seguro - atendiendo a la diversidad de intereses de Agustín de Betancourt- que también él observaba el mundo que le rodeaba con una mirada singular y diferente, no carente de osadía. Esa es la mirada que necesitamos hoy para enfrentar el futuro.

Está bien que nos definamos nosotros mismos y que intentemos encontrar nuestra razón de ser, así en cada etapa de nuestra vida. Pero en los momentos presentes de nuestra historia, donde el predominio de la inmediatez y la mirada del otro prevalecen sobre el raciocinio o la idea de base fundamentada, deberíamos preguntarnos ¿cómo nos ven los otros?

Creo percibir que nos ven - y seguramente no me aventuro demasiado al decirlo- como un colectivo que ha cultivado poco el don de la sociabilidad, austeros y racionales en el ejercicio de la palabra y con cierta tendencia al aislamiento, imbuidos por las leyes de la física y la matemática.

Deberíamos reflexionar sobre ello. Quizás lo que pasa es que tenemos un mundo propio muy rico.  Un compañero nuestro, que está pasando una mala época personal, cuando le pregunté: ¿Qué tal, cómo te va, te relacionas mucho con otra gente? Su respuesta fue: "Sí mucho, tengo una vida interior muy rica". 

Y siguiendo con la reflexión ¿Hasta qué punto la sociedad de hoy piensa que son necesarios los Ingenieros de Caminos? Este es uno de los planteamientos que hay que poner encima de la mesa para proyectar nuestro futuro coincidiendo con el futuro de nuestro planeta y el de las generaciones que están por venir. Cómo nos insertamos en la sociedad de manera que nos necesite.

Fuimos una profesión de liberales en el siglo XIX, una profesión moderna y de futuro. 

El 18 de marzo de 1905 Echegaray recibía el Premio Nobel de Literatura otorgado en 1904. Julio Rey Pastor afirmaba que "para la matemática española, el siglo XIX comienza en 1865 y comienza con Echegaray".

Fuimos el presente en el siglo XX, cuando operamos la transformación de España.  En este siglo tuvimos la suerte de contar con los grandes Ingenieros de caminos que todos conocemos: José Antonio Fernández Ordoñez, Lorenzo Pardo, Arturo Soria, José Torán, Juan Benet, Eduardo Torroja, Leonardo Torres Quevedo, Carlos Fernández Casado y tantos otros.  Y un Presidente de Gobierno que fue clave para la transición democrática del país.  Por cierto, recomiendo encarecidamente la lectura del libro "Memoria viva de la transición", sobre todo a algunos jóvenes que tanto gritan en las redes sociales y que tan poco estudian cosas de verdad.

El pasado ya está hecho, el presente lo vivimos y es fruto del pasado. Nuestro reto, la gran oportunidad que tenemos ahora es construir nuestro futuro. Un futuro que sea útil a la sociedad y a las personas. Porque pensar en un futuro para languidecer y dejar operar al darwinismo no hace falta hacer nada.

El contexto social ha cambiado y seguirá haciéndolo en el futuro, donde tendremos nuevos y mayores retos que hacen más indispensable que nunca el ejercicio de nuestra profesión. Un orden nuevo ya está aquí, un orden cambiante. Eso es lo que sabemos y a eso debemos dar respuesta. 

Permitidme que me refiera a los principales retos a los que deberá enfrentarse y para las cuales deberá estar formado este nuevo Ingeniero de Caminos:

En primer lugar, una verdadera transición y una creciente complejidad en las sociedades de todo el mundo. Una inseguridad global marcada por los ataques terroristas indiscriminados, por los ciberataques o por el incremento de las agresiones individuales por motivos ideológicos, religiosos y lo más denigrante de todo, por motivos de género. Las escuelas de negocio tan dadas a colocar acrónimos en inglés a lo evidente lo han denominado vivir en un entorno VUCA (Volatility, Uncertainty, Complexity, Ambiguity) para las empresas - como si estas fueran distintas a las personas-. 

En segundo lugar, la presencia de la tecnología que se hace más y más predominante en la vida cotidiana, con el "internet of things". Una preponderancia de la tecnología en toda la ciencia. En nuestra formación - ya permanente en el tiempo- y en nuestra actitud, tenemos que incorporar el momento en el que estamos y ello supone integrar el uso de las nuevas tecnologías. Todas las infraestructuras se formularán de forma distinta, en su concepción, diseño, proyección, construcción, gestión, y financiación. 

En tercer lugar, la evidencia de que sólo el conocimiento no otorga el liderazgo. La empatía relacional y la capacidad de anticiparse a las necesidades serán la clave del liderazgo. 

Y por último, y no menos importante, la necesidad - o más bien la urgencia- de una apuesta firme por la sostenibilidad en nuestros planteamientos. La ONU marca un claro camino y nos dibuja este nuevo tiempo con la definición de los Objetivos del Desarrollo Sostenible. No hay alternativa, son los objetivos que nos permitirán seguir viviendo. No dejamos de ver películas, novelas, que definen el fin del mundo.  Los ODS son la alternativa.                                            

De estos objetivos, que son diecisiete y muy claros, hay uno, el 13, que apela directamente a la acción por el clima. Tenemos un planeta en peligro y una potencia líder que se desmarca de los acuerdos de París. Deberemos incorporar a nuestros conocimientos nuevas perspectivas para mitigar más que nunca el impacto de la sociedad en el planeta, impulsar definitivamente la economía circular y avanzar con paso firme en las construcciones de las ciudades resilientes.

De entre los diecisiete ODS hay uno que nos recuerda cómo hacer todo esto. Y nos concierne claramente a todos, a la manera cómo nos relacionamos con nuestro entorno y entre nosotros y que quiero destacar: se trata del diecisiete, que dice que para lograr estos objetivos se necesitan alianzas. Y es evidente: no conseguiremos nada de lo que estamos comentando sin alianzas. Alianzas público-privadas, alianzas con las instituciones, alianzas con la sociedad civil, alianza con todos.

A todo esto es a lo que debemos aspirar como Ingenieros de Caminos. Este es el NUEVO Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos que requiere este tiempo nuevo del siglo XXI.

Nuestra profesión seguirá siendo crucial para construir el futuro de las ciudades, de las poblaciones; de las personas; para mantener e impulsar la calidad de vida de la sociedad. De hecho, bien lo sabemos, siempre se ha tratado de ayudar a avanzar.

Como base, los principios de Agustín de Betancourt siguen siendo ciertos: razón y ciencia, culto a la Naturaleza y sus leyes, preocupación social; y como complemento, las nuevas necesidades consecuencia de esta nueva época deben conformar el liderazgo de nuestra profesión, sin olvidar uno de los rasgos que principalmente definen el propósito de nuestro colectivo: como Ingenieros de Caminos tenemos la oportunidad de contribuir a apoyar el progreso desde el conocimiento de las cosas.

Últimamente parece que estamos más instalados en la ideología y en la emoción que no en lo que es propiamente el conocimiento y la inteligencia. Hemos de poder aportar, a través del conocimiento, herramientas de análisis para un debate sosegado, un debate con técnica, un debate con ciencia y con la colaboración en todos los aspectos de todos los actores públicos y privados, para avanzar en la misma dirección.

También es necesario este debate sobre el tema del agua, el sector en el que he desarrollado buena parte de mi trayectoria profesional y la más reciente.

El futuro, permítanme que sea tan rotundo, pasará por la lucha contra el cambio climático, por los Objetivos del Desarrollo Sostenible y por el agua. Nuestra profesión debe de prestar especial atención al uso eficiente del recurso hídrico en las industrias y la agricultura, pero esto lo dejaremos para otro día.

Debo confesar que dedicar la profesión al agua es una de las grandes suertes que he tenido. El agua lo es todo. Es pasión, es literatura, es nuestra vida. 

Permitidme, antes de acabar, explicaros una anécdota, para la que debo retroceder 40 años. En el año 1977, un grupo de jóvenes estudiantes de Ingeniería de Caminos, Canales y Puertos, entre los que me encontraba, decidimos organizar una serie de conferencias para entender mejor los tiempos en los que estábamos sumidos. En aquellas conferencias conocí a Juan Benet, quien, con la llaneza propia de los grandes hombres de pensamiento profundo, me manifestó que a los ingenieros de caminos el estricto ejercicio de la profesión a veces se nos puede quedar corto, que necesitan más para poder proyectar sus ideas, siendo las vías habituales tres, aparte del que trasciende a la posteridad a través de la ingeniería: la política, la empresa y la literatura. El optó por la literatura y yo por la empresa y el agua, aunque la literatura siempre ha formado parte de mi vida. Deseo que cada uno de los presentes haya conseguido su fórmula mágica y logre cada día dar cauce a ideas y proyectos futuros.

Finalmente, reitero lo más importante de mi intervención, que es el motivo de estas palabras: es un honor recibir esta distinción a propuesta de nuestros propios compañeros de profesión. 

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