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AGUA NO ENFERMA NI ADEUDA

1 de junio de 2012

Agua no enferma ni adeuda

Por Quim Monzó

Muchos ciudadanos ya no conciben que se pueda beber agua del grifo

Desde el tercer jueves de abril, en los plenos del Ayuntamiento de Manresa, el agua que colocan en las mesas de los concejales y de los periodistas es del grifo. Han acabado así con la costumbre de poner botellitas de agua embotellada. Según explicaba un día de la semana pasada Carles Jódar en este diario, por una parte se trata de una medida de ahorro y, por otra, de dar ejemplo a la población y hacerles entender que el agua que sale por los grifos manresanos es lo bastante buena como para beberla de forma habitual. Sin embargo, casi la mitad de la población la bebe envasada. La empresa Aigües de Manresa les ha dado una serie de jarras para promover ese gesto. Recuerdo que, hará cinco o seis años, en Catalunya Ràdio repartieron botellitas de vidrio a fin de que los redactores pudiesen llenarlas en el grifo y no tuviesen que comprar botellitas en la máquina de vending de la planta baja.

En las últimas décadas, esa costumbre de beber agua embotellada se ha ido extendiendo entre la población hasta el punto de que muchos ciudadanos ya no conciben que se pueda beber del grifo. Incluso en pueblos donde el sabor del agua es bueno, persiste la obsesión de comprar packs o garrafas de plástico. Yo la bebo desde hace ocho o diez años. Mejor dicho: la vuelvo a beber desde hace ocho o diez años porque cuando era niño la que la gente bebía en las casas era, básicamente, del grifo. Pero el sabor fue cambiando y llegó un momento en que era horroroso. Fue entonces cuando también pasé a beberla embotellada. Pero de vez en cuando probaba la del grifo, y fui viendo que los sabores eran diversos, según la zona de la ciudad. El agua que hace diez o doce años salía de los grifos del barrio de Sant Antoni, donde vivo, era aún horrorosa, pero, en cambio, la que manaba de los grifos del barrio de Les Corts, donde tenía el estudio, era bastante aceptable. Con el paso de los años, incluso la de Sant Antoni ha acabado por serlo.

Lleno una botella de agua del grifo, la meto en la nevera y no tengo que ir arriba y abajo con packs de botellas de plástico. Me ahorro explicarles el rollo sanitario de por qué el agua del grifo es mejor que la envasada, y también el ecologista de lo malo que es usar tanto plástico y blablablá. Evidentemente, el agua Font Vella tiene un sabor más fino que la del grifo, y si tengo ganas de agua con gas bebo Vichy Catalán o Aigua de Vilajuïga, porque me parecen -sobre todo esta última- superiores a cualquier otra. En Barcelona el sabor del agua del grifo no es de primera -como el de la que sale de los grifos de Manhattan, pongamos por caso, tanto en las casas como en los bares y restaurantes- pero es muy superior a, por ejemplo, el sabor de dos aguas que, en mi modesta opinión, son las más desagradables que he probado jamás: Aquabona y Agua del Valle de Cardó. Y ambas son embotelladas.

Agua no enferma ni adeuda por Quim Monzó

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Publicado en La Vanguardia

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