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Huella hídrica, una medida para la eficiencia en la gestión del agua

15 de febrero de 2016

Huella hídrica, una medida para la eficiencia en la gestión del agua

Tendemos a pensar que nuestro consumo de agua termina cuando cerramos el grifo de la ducha, cuando acaba el ciclo del lavaplatos o bien cuando ya hemos regado todas las plantas de nuestro balcón. Sin embargo, es hora de tomar conciencia de que todos los bienes que disfrutamos en el día a día necesitan enormes cantidades de agua para ser producidos. Por ejemplo, una hamburguesa requiere 2.400 litros de agua; un café, 140; una naranja, 50; un producto más grande, como un coche, llega a precisar 30.000 litros de agua para su fabricación. No solo cuenta el agua usada para la elaboración del producto, sino también la que se consume para empaquetarlo, para transportarlo al punto de venta o para eliminar los residuos producidos durante todo el proceso.

Esto se conoce bajo el concepto de huella hídrica, o waterfootprint en inglés, que se refiere al volumen total de agua dulce necesaria para producir los bienes y servicios consumidos por los habitantes de un país. Se trata de un indicador de impacto medioambiental que mide el uso del agua, tanto directo como indirecto, involucrando desde empresas productoras e intermediarias hasta el consumidor final. Para calcular la huella hídrica se clasifican las fuentes de agua en tres colores: azul, agua usada que procede de los recursos hídricos del planeta ya sean superficiales o subterráneos; verde, agua de lluvia contenida en forma de humedad que se evapora durante la producción y, por último, gris, referente al agua necesaria para diluir los contaminantes de estos procesos hasta que la calidad del agua es apta para verterla al entorno sin causar daños.

Como se puede deducir, el cálculo de la huella hídrica tiene un gran peso dentro del triángulo agua - alimentación - energía, esencialmente en lo que respecta a los vértices agua y alimentación. Es más, la evaluación de este indicador puede aportar soluciones a la escasez de agua a nivel mundial, a partir del conocimiento de la huella hídrica se pueden obtener medidas específicas para una gestión más eficiente de este recurso en cada territorio concreto. Además, este cálculo supone un efecto muy positivo en el sector alimentario, ya que ayuda a mejorar el rendimiento. Recordemos que en 2030 serán necesarios un 50% más de alimentos debido al acelerado crecimiento de la población.

En este sentido, el comercio de agua virtual se perfila como una forma de aumentar la eficiencia del uso de los recursos hídricos a escala global. Me explico, no toda la huella hídrica de un país proviene de productos fabricados en dicho país, sino que los movimientos de exportación e importación de bienes suponen también la transferencia del agua que se ha usado para elaborarlos. Por lo tanto, la importación de productos intensivos en agua reduce la demanda de agua a nivel nacional, mientras que la exportación de productos intensivos aumenta su demanda. De esta manera, los países con escasez hídrica pueden preservar sus recursos hídricos internos a través de la importación de agua virtual, en lugar de fabricar productos que requieran mucha agua y, así, ahorrar en su consumo.

Sin duda una buena opción para nuestro país, quinto a nivel mundial en cuanto a huella hídrica, con una cifra de 2.325 m3 al año por habitante. España es el país más árido de Europa, por este motivo el 42,9% de nuestra huella hídrica procede del exterior, a través de la transferencia de agua virtual. Para situar estos datos en un contexto más amplio, cabe apuntar que la huella hídrica global es de 7,45 billones de m3 anuales, es decir, un promedio de 1.240 m3 al año por persona. Estados Unidos es el país con la mayor huella hídrica, 2.480 m3 por año y persona, mientras que China tiene una de las más bajas, con tan sólo 700 m3. Si se quiere ahondar en este tema, recomiendo encarecidamente la lectura del libro Globalización del agua. Compartir los recursos de agua dulce del planeta, de Arjen Y. Hoekstra y Ahok K. Chapagain, donde se explica de forma extensa la cantidad de agua importada y exportada por cada país y las características de cada movimiento.

Volviendo a España, en cuanto a las medidas a adoptar respecto a la eficiencia en el uso del agua, cabe destacar que nuestro país fue uno de los primeros en aprobar una instrucción de planificación que incluía el cálculo de la huella hídrica como criterio técnico en la gestión de las cuencas hidrográficas en 2008. Recientemente ha habido grandes avances, en agosto de 2014 entró en vigor la normativa ISO 14046, regida por el método de cálculo de la Water Footprint Network, que especifica los requisitos para una correcta evaluación de la huella hídrica aplicable tanto a productos y procesos como a empresas y organizaciones. El objetivo es que los informes sobre huella hídrica sigan siempre los mismos criterios para garantizar su coherencia y fiabilidad.

En nuestro país padecemos estrés hídrico pero, más que por falta de agua en sí, esta carencia reside en la mala administración de la misma. Se deben gestionar los recursos de forma más rentable y, en consecuencia, más sostenible. Al mismo tiempo, es necesario hacer especial hincapié en el sector económico que más agua necesita: la agricultura, que consume un 70% del agua dulce en España. A través del cálculo de la huella hídrica es posible redefinir los cultivos que mejor se adaptan a cada territorio valorando su rendimiento productivo en comparación con otras plantaciones. 

En Agbar, dentro de nuestra cultura laboral sostenible, ya hemos integrado el cálculo de la huella hídrica siguiendo la normativa ISO 14046 con el objetivo de obtener datos de todos nuestros procesos susceptibles de mejora de gestión. Además, apostamos por el conocimiento y la innovación en este ámbito con el desarrollo de herramientas para el cálculo de la huella hídrica en otros sectores. Es el caso del sistema de medición de huella hídrica adaptado a la industria cárnica y porcina elaborado por CETaqua en marzo de 2015 y que permitirá evaluar la elaboración de productos como pienso, jamón cocido o carne, entre otros, con el objetivo de reducir la huella hídrica del proceso. Desde CETaqua participamos en otros muchos proyectos innovadores de I+D para reducir el volumen de agua consumido en origen en las actividades productivas, así como el nivel de contaminación de las aguas residuales, especialmente en el ciclo urbano.

La huella hídrica se ha constituido en los últimos años en una herramienta fundamental para medir nuestro impacto en los recursos hídricos del planeta. Tanto a nivel individual como a nivel corporativo o institucional, todos podemos calcular la huella hídrica que dejamos a nuestro paso. Probemos a caminar dejando el mínimo rastro posible, seamos conscientes de que todo aquello que consumimos ha necesitado agua para producirse y que esta reflexión nos haga comprometernos más a fondo con un estilo de vida sostenible.

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